Otra vez será

Lina y Morgan (se les puede ver un poco más abajo y aquí) por esta vez, no van a ser padres. Los dos huevos no estaban fecundados, definitivamente y hoy (bueno, ya ayer) les he limpiado el nido. Lo positivo, que Lina ya se está limpiando (estaba muy guarra de haberse hecho caca dentro del nido), que le volverán a crecer las plumas de la panza y la cola y que Morgan estaba requetecontento de volverla a tener a su lado.

En febrero les vuelvo a poner el nido.

¿Quién odia la Navidad?

Marta me vuelve a inspirar un post.

Verdaderamente, desde mi ateísmo religioso y económico, yo debería opinar y razonar exactamente igual que ella, pero resulta que a mí estas fiestas me gustan, me enternecen y realmente me hacen más feliz. ¿Cómo puedo entonces explicar esta contradicción entre mis razones y mis sentimientos? ¿Será que mis bases morales y de lógica fallan por algún lado? ¿O es que simplemente la lógica y la razón no tienen por qué estar reñidas con los sentimientos y la felicidad?

Desde luego, ese al que llaman Dios no tiene nada que ver con esto, y Mr. Capitalismo…, bueno, podría llegar a reconocer que me gustan los regalos, sobre todo los que me hago yo mismo, porque yo lo valgo ;) , y si se vale utilizar el comodín del refranero popular (uno que trataba del consuelo de los tontos), gasto alguna orden de magnitud menos que el resto de los mortales de este país. Tampoco me gusta llenar la casa de adornitos (aunque a mi mujer sí, y no me molesta). Sí me molesta que esto se haya convertido en la fiesta consumista económica y golosamente hablando, pero por la parte golosa la disfruto, y si es por que se tira la comida, nanai, que nos pasamos comiendo restos las dos semanas siguientes.

Quizá podríamos preguntarle a Freud: pues tuve una infancia ingenua y feliz en la que creía en alguien y en el Niño Jesús, los Reyes Magos, Papá Noel y hasta en el Ratoncito Pérez. En mi adolescencia yo era un romántico enamorado de cualquiera dama que se cruzara en mi camino y las vacaciones de Navidad aprovechaba para ir algo más de la cuenta al cine con alguna de ellas, eso sí, sin tocar. Luego quedaba más con mis amigos que en otras épocas hasta que algunos nos distribuimos por el mundo en 1998. Esos quince días de la Navidad de 1998 y Año Nuevo 1999 fueron quizás las más especiales, porque representaban el regreso a casa después de seis meses en México (para luego volverme a ir, pero eso fue otra historia y debe de ser contada en otra ocasión) y volver a ver a mis amigos y contarnos la vida.

Todavía para mí la Navidad significa eso: ver a gente que quieres y que por alguna razón ves en pocas ocasiones el resto del año, ya sea familia o amigos, y sólo por eso vale la pena.

Duna y Bart

Ésta es Duna:

Es una bulldog inglés que tiene mi hermana. Es pequeña y gruñona y hace dos años y dos días fue mamá de cuatro cachorros, de los cuales uno nació muerto.

Dos días después, hoy hace dos años, Duna empezó a comportarse de forma extraña y acabó pariendo un quinto cachorro que no había querido salir a la vez que sus hermanos y se quedó en la placenta acaparando recursos, esa es la razón por la que hoy pesa el doble que su madre y bastante más que sus hermanos.

Los cachorros, en enero de 2003:

El que nació después se llama Bart, y mi hermana y mi cuñao decidieron quedárselo. No sé si fue un error, lo que está claro es que fue un dolor de cabeza. Aquí está con tres o cuatro meses:

Y creció hasta convertirse en esta mole babosa:

Para acabar un par de fotos con su madre, para que podáis comparar:

Pues eso, que… ¡Feliz cumpleaños, Bart!

El fantasma de la ópera de Andrew Lloyd Webber


Mi mayor temor era que Joel Schumacher no hubiera hecho un buen trabajo. Pero sí lo ha hecho, lo ha conseguido. Ha conseguido poner en imágenes cinematográficas el fantástico y maravilloso musical que arrasa en Broadway, Londres y medio mundo desde hace ya varias décadas. La verdad es que se trataba simplemente de no tocar demasiado, el trabajo estaba ya todo hecho por Webber (el gran creador de musicales junto con Stephen Sodheim) y Harold Prince, el director de la obra. No hacía falta nada más y se agradece una versión cinematográfica, al menos para que pueda apreciarla quien no ha tenido la oportunidad de ver el espectacular montaje teatral de Londres o Nueva York. De vez en cuando la obra teatral se deja caer por aquí, se pudo ver en Madrid durante dos años hasta el verano pasado. Precisamente el doblaje al castellano se ha hecho con los intérpretes de la obra de Madrid, que ciertamente cantan muy bien, pero que también se nota que no son profesionales del doblaje porque “canta” (valga la rebuznancia) el doblaje de las partes habladas, especialmente en los personajes de Christine y Raoul. Yo, mientras tanto, me voy a seguir quejando de que no me pongan las pelis en versión original en Girona. ¡Ah! Y no me gustó demasiado el duelo de espadas, ahí aún tenían que inventar menos, está todo hecho desde Errol Flynn.

En definitiva, hay que verla, pero sobretodo, hay que escucharla y dejarse llevar por esas notas de un mono con platillos sobre una caja de música…

La leyenda de la doncella

Lo peor que he visto en muchísimo tiempo. De entrada, si por casualidad os cruzáis con esta cosa aburrida, sin ritmo, y lo peor, pretenciosa, ignoradla. Ya me extrañaba a mí que una película española del año 96 no me sonara de nada y es que no se dignaron a estrenarla en cines (con razón). A priori hasta podía estar bien, ya que trata de un cacique (Fernando Guillén) de principios del siglo XX en un pueblo de la galicia profunda donde todavía creen en las meigas y los filtros de amor, que se folla a todas las damas del pueblo y se enamora de una joven que cómo no, resultará ser su hija. Lo único bueno: el loco del pueblo que interpreta Rafael Álvarez, El Brujo, y que le va como anillo al dedo.

El padrino II


Imagino que las películas de la saga de El Padrino son de esas que hay que ver varias veces y cada vez captas detalles nuevos y cada vez gustan más, precisamente por esos detalles. El problema es la primera vez: todo es un lío, un embrollo, un culebrón, vaya.

Dicen que aquí se rompe el mito aquél de que nunca segundas partes fueron buenas y la segunda supera la primera (como Toy Story). Al menos se demostró en su momento cuando, igual que la primera, El Padrino, parte II ganó el Oscar a la mejor película. A mí sí me gusta más porque no es una continuación al uso, sino que esta segunda parte intercala la historia de Michael (¿qué he de decir de Al Pacino?), el hijo de Vito Corleone, con el origen del mismísimo patriarca, en que se supera con creces el reto de cambiar a Marlon Brando por Robert de Niro. Si Brando creó el personaje, de Niro lo borda.

Supongo que hay mucho que hablar y no sé por dónde empezar. Si queréis comentar, adelante (pero cuidado que me falta la tercera), y hablamos. Yo por mi parte, prometo volverlas a ver, algún día.

Nueva semana

Empieza una semana más tranquila, desde luego más tranquila que la anterior, aunque sea, primero, porque estoy sin jefe y segundo, por la presión (del mismo jefe, claro) de tener terminados estos cinco segundos de animación. Espero que esta “tranquilidad” sirva para ponerme un poco al día en los posts que tengo pendientes.

Para quien le interese: los huevos de los periquitos todavía (bueno, esta mañana a las 9h) no han eclosionado y, sinceramente, no lo veo muy claro. Hoy hace veinte días que pusieron el primero.

Respecto a la animación: no es nada del otro mundo, aparentemente, lo sé. Mi aportación es sólo la técnica de rendering, que no pienso desvelar hasta que tenga que presentarla en alguna conferencia (?).

The Machinist


Delgado, muy delgado, esquelético Christian Bale. Tanto, que da grima verle, y más si comparamos con lo que era en American Psycho o será en Batman Begins. No sólo por el escaso peso, aunque ayuda, merecidamente ha ganado el premio a mejor actor en el festival de Sitges. Es de esos argumentos de los que poca cosa se puede explicar: un hombre lleva un año sin dormir y… pasan cosas. Es más que un thriller psicológico, yo lo llamaría thriller psiquiátrico. Lo más increíble es que es una película de producción española y rodada íntegramente en Catalunya, lo que no se nota en absoluto, porque cada detalle está cuidado para que parezca cualquier lugar remoto y desconocido de la América profunda. Aparecen también por ahí Aitana Sánchez-Gijón, Jennifer Jason Leigh y Michael Ironside. Muy recomendable.

Steamboy


Parece mentira que Akira sea de 1988, ya hace 16 años. Entonces fue la pimera película manga que llegó al gran público y seguramente (se me puede contradecir, no soy ningún experto) la culpable de que hoy haya tantos fans del género. Lo mejor de Akira era su espectacularidad, y el soberano trabajo que representaba en su momento hacer una película de tal magnitud, frente a su argumento ido de la olla y por tanto, poco convincente. Su director, Katsuhiro Otomo vuelve con Steamboy, que se ha presentado en el festival de Sitges y (inexplicablemente, para mí) ha ganado el premio a mejor película de animación. La película narra una historia ambientada en pleno siglo 19 en Inglaterra, en plena revolución industrial, cuando todo eran máquinas de vapor y apenas empezaba la electricidad. Como en Akira, es innegable el mérito artístico de Steamboy, donde allí eran luces futuristas de neón y motos, aquí son efectos de vapor y maquinarias. Lo demás, lo mismo, muchos edificios, grandes ciudades, un final apoteósico, apocalíptico y absurdo y un argumento loco, inverosímil y sin ritmo. Una gran rallada mental.

Sitges 2004

El domingo y lunes pasado estuve en el festival de cine fantástico de Sitges (que hace unos años que ya no se llama así, sino Festival Internacional de Cinema de Catalunya, que por querer hacerlo más serio, estropearon el nombre), y aproveché para ver un par de pelis. Como las pelis las comentaré aparte en sendos posts. Aquí resumiré un poco lo que ocurre fuera de la sala.

Este año he encontrado el ambiente del festival algo más descafeinado. Quizá es el cambio de fechas, y por el frío el ambiente ya no está en las calles y el paseo al lado de la playa sino en dos o tres lugares cerrados, donde ya no caben tantos puestos frikis de venta de figuritas, guiones, libros o camisetas. Fuimos justo el día de la conferencia Star Wars (que no visitamos porque valía una pasta: todo olía a sangrado económico de los fans más incondicionales, si hasta oí que por un autógrafo del actor que interpretó al original Darth Vader, pedían 20 euros) y había una exposición gratuita (¡milagro!) de figuritas y posters la mar de curiosa.

Pero lo mejor es darse una vuelta por el hall del hotel Meliá, donde un enjambre de fotógrafos esperaban a que llegara Nacho Vidal a mostrar un nuevo gadget: el sapolla. Por ahí también andaban Guillermo del Toro, Aitana Sánchez-Gijón, Juanjo Puigcorbé, Darth Vader y un par de secuaces, e incluso Carlos Pumares.

Hoy terminaba el festival, pero ya el jueves por la noche dijeron los ganadores, de los cuales apruebo y aplaudo los de mejor actor y fotografía (para The Machinist, con Christian Bale) y si no había nada mejor que Steamboy para la mejor película de animación, estábamos muy mal.

Total, dos días cortos, pero intensos, a ver si para el año que viene conseguimos estar más tiempo y ver más pelis.