Las mejores películas de los 90 (I): Pesadilla antes de Navidad

Pesadilla antes de Navidad (1993) sería la mejor película de Tim Burton si no fuera porque él no es el director. Hacía falta un perfil mucho más técnico para realizar una película enteramente animada en stop-motion y un tal Henry Selick se puso al mando. Selick haría más tarde otra película, ya casi olvidada, usando la misma técnica: James y el melocotón gigante, también producida por Burton y adaptando, como en Charlie y la fábrica de chocolate, un libro de Roald Dahl. Este mismo año, Burton ha producido y codirigido con Mike Johnson, otro director técnico, la auténtica heredera de Pesadilla antes de Navidad: La novia cadáver.

A pesar de no dirigirla, Tim Burton es el auténtico autor de una película donde se encuentran todas sus neuras y obsesiones. Su particular, negro y fantástico mundo está completamente proyectado en la peli: freaks, oscuridad, Frankenstein, perros, maquetas, Danny Elfman, cementerios, leyendas, noche, fantasía, miniaturas, romanticismo, maquillaje, soledad, ironía, amor, sarcasmo, tristeza, …, son las constantes del cine de Burton. Tim Burton es el artífice, padre y creador de la criatura, bautizada con el nombre de Jack Skellington, quien, como su propio nombre indica, es un esqueleto vestido elegantemente con un traje a rallas verticales negras y blancas y con un murciélago que ejerce de pajarita en funciones. Jack es un personaje digno representante de la galería de freaks que Burton nos ha regalado desde que a principios de los 80 nos encandiló con dos magníficos cortos: Vincent, un homenaje a Vincent Price y a sus películas basadas en relatos de Edgar Allan Poe, y Frankenweenie, esta vez mostrando su admiración a uno de los mitos del cine moderno: Frankenstein. Entre los freaks también se incluyen Bitelchús, una redefinición del superhéroe Batman, Eduardo Manostijeras, Ed Wood, unos marcianos cabezones, un jinete decapitado, un cuentacuentos, un maestro chocolatero y una novia muerta. Entre sus proyectos que nunca llegaron a ser, se encontraba el quinto Superman, que al final estrenará el próximo año en forma de remake de la del 78 el director de los X-Men, Bryan Singer. También se llegó a rumorear que haría una versión de la oscura historia de Sweeney Todd, el barbero asesino de Fleet Street, que hace unos cuantos años pudimos disfrutar en su versión musical en teatro protagonizada por Constantino Romero. Sus grandes obras maestras son Eduardo Manostijeras, Big Fish y Pesadilla antes de Navidad. El resto de sus pelis, menos El Planeta de los Simios, un remake innecesario y una manchita en su filmografía, pisan los talones a estas tres y yo diría que a Sleepy Hollow y La novia cadáver sólo les quedan la perspectiva de los años para que queden al mismo nivel.

Burton ya ideó los personajes de Pesadilla antes de Navidad en su adolescencia (así como a finales de los setenta). Esto se demuestra cuando en una escena de Bitelchús (cinco años antes de la Pesadilla…) el histriónico protagonista va disfrazado de Jack Skellington. Hay más referencias, esta vez posteriores, como cuando modelos de su faz aparecen en un decorado de Ed Wood, o cuando el vestido de la protagonista de Sleepy Hollow en la escena final es también a rallas negras.

… y la imaginación. La inmensa imaginación necesaria para explicarnos la historia de unos personajes que crean y organizan la fiesta de Halloween, en un pueblo llamado precisamente Halloween, donde conviven el hombre lobo, vampiros, el monstruo del lago, brujas, momias, el hombre del saco, el doctor Frankenstein y su creación, la muñeca de trapo, enamorada de nuestro querido protagonista Jack, quien de mascota tiene un perro fantasma llamado Zero. El día que Jack conoce la felicidad que se respira en la ciudad donde se organiza la fiesta de la competencia, la Navidad, decide cambiar de producto y montar la colorida fiesta en su ciudad. Pero la fábrica de pesadillas no está preparada para hacer feliz a nadie por muy buena intención que traigan sus obreros; la misión de un monstruo es horrorizar, y aún hay monstruos que no quieren aceptar su destino. El resultado de todo este conglomerado de fantasía, mitos del terror, oscuridad, monigotes de resina y … ¡música!, nos olvidábamos de la música, genial inspiración del siempre magnífico, extraño y fiel Danny Elfman, es excelente y delicioso, como un pastelillo de café y chocolate negro, muy negro, a media noche.

Las mejores películas de los 90 (II): Tierra

Tierra (1996), de Julio Médem, es sin duda, desde esta humilde opinión, la mejor película española de la década de los 90.

Médem es posiblemente el cineasta español más extraño de nuestra cinematografía. En sus películas ha unido magistralmente temas como la psicología, el sexo o el encuentro de casualidades, lo que junto con una forma de contar las historias mágica y sorprendente y unos personajes a veces neuróticos, a veces simbólicos, pero siempre interesantes, hacen de sus películas una nueva y fascinante experiencia cinematográfica. Empezó medicina con el objetivo de especializarse en psiquiatría. Este detalle de su biografía no es gratuito.Tanto en La ardilla roja com en Tierra ha demostrado que sabe jugar maravillosamente con conceptos de psiquiatría como la amnesia (la protagonista de La ardilla roja tiene un accidente en cuanto empieza la película y pierde la memoria) o la doble personalidad. En Vacas y en Los amantes del círculo polar se habla más de ese encuentro de casualidades que tanto gusta a Paul Auster. Yo apostaría que Médem se ha empapado de sus libros, no en vano, los nombres de Otto y Ana (personajes de Los amantes…), incluso con la coincidencia de la capicuidad, aparecen en una anécdota del libro El país de las últimas cosas del escritor. Vacas fue su primera película y marca la carrera y el estilo de Médem, quien en sus tres primeras películas utilizaría incluso a los mismos actores protagonistas. No obstante, su actriz fetiche, Emma Suárez, ya no sale en Los amantes del círculo polar, dejando paso a Najwa Nimri y más tarde a Paz Vega en Lucía y el sexo. Carmelo Gómez, Karra Elejalde y Nancho Novo son el resto de sus asiduos. Después de Lucía y el sexo, que nos mostraría una forma diferente de ver el erotismo en el cine y la historia de un autor con crisis creativa, Médem nos sorprendió con un megaproyecto documental de entrevistas sobre el conflicto vasco: La pelota vasca: la piel contra la piedra. Aunque su posicionamiento queda claramente expuesto desde los primeros minutos de la película, ésta se utilizó como arma arrojadiza por parte de la rancia derecha de este país, acusando al director de todo menos de neutral. Quizá la polémica hizo bien a la taquilla, pero adivino que desgastó tremendamente a su autor, quien pretendía complementar su proyecto con una película de ficción sobre el tema de explícito nombre, Aitor. Este proyecto parece que ha quedado aparcado indefinidamente y Médem se encuentra a punto de rodar Caótica Ana, con María Valverde y Bebe Rebolledo como protagonistas.

Pero hablemos de su tercera película. Carmelo Gómez en Tierra lo deja así de claro: “Estoy medio vivo y medio muerto”. Su personaje, Ángel, son dos, su yo terrenal y su yo angelical, que es su conciencia, una especie de Pepito Grillo que conversa con él y le da consejos. Para acabarlo de rematar, cada uno de los dos se enamora de una mujer distinta. El Ángel espiritual cae prendado de Ángela (preciosa Emma Suárez) en un amor platónico y generoso. Su parte terrenal se obsesiona con Mary (volcánica Silke). Todo esto envuelto en una isla de tierra roja rodeada de un mar de viñedos que necesitan ser fumigados, porque una invasión de cochinillas le da al vino de la comarca un extraño sabor a tierra.

Entre fotogramas de tonos rojizos como la tierra que le da título y como el cabello de Mary se nos habla de dualidades desde la primera escena: desde el negro e infinito cielo estrellado la cámara baja y se vuelve minúscula hasta mostrarnos, desde debajo de la superficie del suelo del campo, a las minúsculas cochinillas. Ya sabemos que se nos hablará de lo grande y de lo pequeño, de lo espiritual y de lo terrenal, de la muerte y de la vida, del doloroso amor y del sexo placentero, de Ángela y de Mary, del cielo y la tierra, o de la tierra y el mar. De contradicciones, en definitiva, como ese final que nos muestra a un hombre curado de su doble personalidad, libre (y acompañado…, quizá de la que no toca), lejos del rojizo norte, y a orillas del mar levantino. ¡Qué casualidad! Como en Cadena perpetua.

Las mejores películas de los 90 (III): Un lugar en el mundo

Un lugar en el mundo (1992) es una historia narrada en flashback a partir de los recuerdos de un postadolescente que regresa al lugar donde pasó su infancia. Como en muchas otras películas (Cinema Paradiso (1989), La lengua de las mariposas (1999), Secretos del corazón (1997), La vida es bella (1997)…) y series de televisión (Aquellos maravillosos años (1988-1993), Cuéntame (desde 2001)), el inocente punto de vista del niño se filtra en el recuerdo del mismo personaje, quien ya adulto se convierte en el narrador de la historia y comprende y nos transmite, no sólo la candidez infantil del despertar sexual, la rebeldía o la incomprensión de sus mayores, sino también los temas más adultos que aparecen insinuados y se acaban convirtiendo en los temas principales de la película. En este caso, la trama es política, pero hay más.

El chaval se llama Ernesto y sus padres Mario (Federico Luppi) y Ana (Cecilia Roth). Sus vidas giran en torno a una cooperativa lanera, donde trabajan dando clases y en un entorno austero, pero más cerca de la Utopía en la que sueña Mario que del mundo capitalista que todo lo engulle. Al pueblo llega Hans (José Sacristán), un geólogo enviado con el objetivo de encontrar petróleo en la zona, y con él llegan los malos presagios. El reparto principal lo completa Nelda (Leonor Benedetto), una monja que también ayuda en la cooperativa.

Dirige Adolfo Aristaráin, quien después hizo la muy disfrutable La ley de la frontera (1995) con Aitana Sánchez-Gijón y recupararía a Luppi y Roth como pareja para la fabulosa Martín (Hache). Ya más recientemente ha hecho Lugares comunes (2002) y Roma (2004). Lo mejor de las pelis de Aristaráin son sus diálogos, que junto con las vibrantes interpretaciones de sus actores y actrices, pone en boca de sus personajes pasajes llenos de pasión, sentimiento, vida, corazón, y hasta rabia contra el mundo. Luppi expresa como nadie la frustración del ideal utópico en la peli que nos ocupa, o la tensión de la relación con su hijo en Martín (Hache). Pero sabemos que la sinceridad del director, guionista y autor Aristaráin es la que está detrás de cada una de esas frases.

Un lugar en el mundo es una tragedia porque en cierto sentido nos muestra la muerte de Utopía. Pero también nos enseña que vale la pena luchar por ese ideal, aunque sólo sea para sentir que estás vivo.

He buscado esta frase, que la había leído en algún lado. Espero que la referencia sea cierta:

Ella estaba en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la Utopía?
Para eso sirve: para caminar.
Eduardo Galeano

Mis disculpas

Aparentemente la serie de posts “Las mejores películas de los 90″ ha sufrido un retraso, puesto que la semana pasada tendría que haber publicado la número (III) y hoy la (II). La semana pasada estuve de paseo, y ésta, lleno de trabajo y de top 10.

Pero el retraso va a ser compensado, ya que los posts de los puestos (II) y (I) están escritos (salvo pequeñas revisiones), y el del (III) caerá el lunes como muy tarde. Así, el viernes 23 de diciembre se posteará el número 1, como estaba previsto inicialmente.

Más adelante ya pensaremos qué hacer con la lista de los 80.

Mientras, os dejo hacer apuestas sobre el podio de las tres primeras, y dejo tres pistas: la (III) es argentina, la (II) es española y la (I)… digamos que va a caer muy apropiada.

Las mejores películas de los 90 (IV): Cadena perpetua

Cadena perpetua (1994) es un drama carcelario. Este subgénero del drama, que tiene sus máximos representantes en La gran evasión (1963) y Fuga de Alcatraz (1979), vio de nuevo reflejado su esplendor en 1994 de mano del maestro del terror Stephen King (quien perdura maestro aun cuando deja el terror de lado) y de su director: Frank Darabont, quien por entonces no había hecho nada más importante que algún guión para secuelas de clásicos del terror de los 80, como La mosca II o Pesadilla en Elm Street III y que volvió a adaptar a King para La milla verde (1999).

RED: “Estos muros son curiosos. Primero los odias. Luego te acostumbras a ellos. Pasa el tiempo y llegas a depender de ellos.”

Como casi todas las del subgénero en cuestión, la trama de Cadena perpetua es la historia de una fuga, la huída de Andy Dufresne, un falso culpable condenado a prisión de por vida por el supuesto asesinato de su mujer y su hijo del amante de ella. Lo interpreta un Tim Robbins con cara de niño-bueno-que-nunca-ha-matado-una-mosca-y-menos-a-su-mujer-e-hijoy-amante, con lo que el espectador, que siempre es bueno, le compadece primero, luego le quiere y finalmente se identifica y le convierte en su alter ego. Pero Andy tiene un amigo, Red (magnífico Morgan Freeman), al que conoce en prisión y que se convertirá en su Pepito Grillo particular, su guía y su conciencia, quien le enseñará a sobrevivir al infierno de la falta de libertad.

Una de las reflexiones más potentes que nos ofrece esta película va sobre el sentido de la libertad. Cuando un hombre lleva veinte, treinta, cuarenta años sin salir de la prisión la única libertad que acaba conociendo es la que hay entre los muros y al salir no le queda nada más que vejez, soledad y un mundo extraño que no quiere descubrir. El abuelo Brooks acaba suicidándose cuando sale después de pasar una vida entre los muros. Todos intuimos que a Red le pasará lo mismo pero finalmente será el bueno de Andy quien dé una oportunidad y una lección de vida a su ya anciano amigo. (Eso de anciano es un suponer, porque pasan veinte años en el transcurso del metraje y Red ya llevaba veinte en la cárcel antes de la llegada de Andy, aún así, los actores no cambian su aspecto lo más mínimo).

RED: “Algunos pájaros no deben ser enjaulados. Sus plumas lucen demasiado. Y cuando finalmente vuelan, la parte de ti que sabía que era un pecado se reconforta. Aún así, el lugar donde vives se vuelve gris y vacío cuando no están. Creo que echo de menos a mi amigo.”

Dos secuencias muestran sendos momentos de pseudo-libertad que Andy ofrece a sus compañeros en la cárcel. En el primero, como muestra de agradecimiento de uno de los funcionarios de la prisión por haberle solucionado unos problemas fiscales, les regala una cerveza fresca después de unos trabajos voluntarios en la azotea de una casa. Red lo narra así: “Nos sentamos y bebimos con el sol a nuestras espaldas y nos sentimos como hombres libres. ¡Demonios! ¡Era como si estuviéramos alquitranando el tejado de nuestra propia casa!” El segundo es el momento en que Andy consigue hacer sonar en la gramola del alcaide una ópera de Mozart y la escuchan todos en el patio de la prisión. Red lo narra así: “Esas voces sonaban tan alto y tan potentes que nadie en un lugar tan gris se atrevería a soñar. Era como si algún bello pájaro hubiera entrado en nuestra triste jaula y hubiera hecho que los muros se fundieran. Y por el más breve de los instantes hasta el último hombre en Shawshank se sintió libre.” Pero un fotograma muestra la imagen de la libertad. Andy acaba de salir de las cloacas por donde ha escapado cubierto de mierda. Llueve. Un plano picado le muestra desde arriba mientras él extiende los brazos y mira al cielo como tratando de atrapar toda esa agua que cae, que le limpia y que le demuestra que ya, por fin, está fuera.

Andy esperará a Red. Será en México, en Puerto Vallarta Zihuatanejo, al lado del mar, ese océano azul e infinito como la libertad.

RED: “Siento la excitación que sólo un hombre libre puede sentir, un hombre libre al comienzo de un viaje de incierto final. Espero poder cruzar la frontera. Espero ver a mi amigo y darle un abrazo. Espero que el Pacífico sea tan azul como lo he soñado. Así lo espero.”

Las mejores películas de los 90 (V): La Ley de Herodes

La ley de Herodes (1999) es una brutal sátira contra la corrupción del poder en México. Hay quien cuenta que la peli estuvo siete años escondida en algún cajón porque a algún gerifalte le molestaba como un grano en el culo. El caso es que se estrenó en noviembre de 1999, curiosamente ocho meses antes del cambio de poder del PRI (Partido Revolucionario Institucional), el partido que llevaba más de setenta años en el poder, al PAN (Partido de Acción Nacional) en julio de 2000. Si se descuidan ni puede entrar en esta lista…

La acción está situada en el año 1949. El alcalde de un pequeño pueblo rural mexicano es linchado por sus habitantes acusado de corrupción. Para substituirlo, y desde alguna alta esfera, deciden mandar a Juan Vargas, el más inocente del partido, quien se presenta en el pueblo con toda la buena voluntad para arreglar las cosas. Sus primeras acciones serán poner un poste de luz e intentar cerrar el prostíbulo del pueblo, y es entonces cuando se topará con los auténticos poderes, la madame y, más tarde, el cura del pueblo. La corrupción y las ansias de poder le seducen y le absorben de forma natural e inevitable.

El juego de extrapolación mediante alegorías que presenta la película es brillantísimo. Es fácil imaginar el pequeño pueblo rural como el gran país que es México, el politicucho al principio inocente y después más cabrón que nadie, como una representación de la clase política mexicana, y del mismo modo, el cura es toda la Iglesia, la madame, los agentes corruptores como la mafia o las organizaciones ilegales, el médico, la fiel oposición, etc. etc., así, hasta la simbólica imagen de la pistola escondida en la constitución, o la del político aferrado al poste de luz, su única obra, pidiendo clemencia a una marabunta de ciudadanos enojados y armados. En cuanto a crítica destructiva se refiere, no queda títere con cabeza.

En una cultura popular mexicana donde reírse de las propias desgracias es la única manera de sobrevivir a tu propia bilis, las frases hechas y los dobles sentidos forman parte intrínseca del humor mexicano; por lo bajini, que no se note, pero que escueza. Para entender el título, sólo hace falta completarlo con el pesimismo conformista del “…o te chingas o te jodes, no hay de otra”, que cualquier mexicano piensa, pero no dice por puritita educación, al preguntarle cuál es la Ley de Herodes…

Las mejores películas de los 90 (VI): Cuento de verano

Cuento de verano (1996) no es solamente una historia de amor. Trata del amor sensual, del amor platónico y de la amistad, pero sobre todo trata del descubrimiento y de la confusión entre estos tres tipos de relación que un veinteañero inseguro padece durante sus vacaciones de verano en la Bretaña francesa. Eric Rohmer nos presenta una película sencilla, basada en diálogos, miradas y silencios. Casi sin música, la banda sonora son el sonido de las gaviotas, las olas del mar y las notas de la guitarra de nuestro protagonista. Gaspard llega a Dinard para pasar unos días de vacaciones de verano con su novia, quien se supone llegará un par de días después. Estos dos días él disfruta de la soledad, de su guitarra y de las posibilidades que le ofrece un pueblecito de la costa, como la playa y los crêpes. En los primeros minutos de la película nadie habla, tan sólo seguimos a Gaspard y vemos lo que hace, cómo se instala, cómo toca…, hasta que las primeras palabras que le oímos decir son las que usa para pedirle un crêpe a Margot, la camarera de la crepería. Al día siguiente la encuentra en la playa y empezará a surgir una amistad que se verá impulsada por la noticia que Léna, la novia del muchacho, llegará unos días más tarde. Mientras, Gaspard conoce a Solène en la discoteca, y se siente atraído enseguida por ella. Y por ir a pasar el fin de semana con Solène, deja plantada a Margot. La aparición por sorpresa de Léna aún complica más las cosas…

La película forma parte de una cuatrilogía llamada, obviamente, los Cuentos de las cuatro estaciones, siendo el Cuento de verano la tercera, cronológicamente hablando. Con las otras tres sólo coincide en el estilo y la temática de la inestabilidad y lo absurdo de las relaciones sentimentales, eso sí, cada una pasa en unos pocos días de la estación correspondiente. De las cuatro me quedo con el verano, el sol, las playas y las tres chicas a las que quiere Gaspard, a quien el sentido común le dice que sólo puede elegir una, y el corazón le replica que por qué no se puede quedar con las tres, si las quiere de forma diferente. A Léna la quiere porque es su novia y quiere casarse con ella y formar una familia, Solène le gusta, está buena y es divertida ¿por qué no echar un polvo?, pero Margot, ¡Ay! Margot…, Margot es tu amiga y eso es una barrera… ¿o no? Por favor, Gaspard, no lo pienses más y elige a Margot y no la sueltes nunca.

Las mejores películas de los 90 (VII): Sospechosos habituales

Sospechosos habituales (1995) está dirigida por Bryan Singer. Muy pocos conocerían hoy a este director si no fuera porque forma parte de esta tanda de buenos directores que, después de hacer una o dos modestas, pero muy buenas películas, se pasan a las grandes producciones, normalmente para adaptar cómics de superhéroes, y les dan su toque personal. Puede que el primero fuera Tim Burton con Batman (1989), pero el primero de la última hornada fue el dicho Bryan Singer, quien después de X-Men (2000) y X2 (2003) (la segunda parte de la anterior), se va atrever el próximo año con presentarnos su propia visión de Superman. Sam Raimi con sus casi tres Spiderman‘s, Ang Lee con Hulk, Christopher Nolan con Batman Begins, Guillermo del Toro con Blade II y Hellboy, e incluso, aunque a otro nivel, Peter Jackson y su gran trilogía de El Señor de los Anillos (2001-2003), serían otros ejemplos.

Sospechosos habituales es de esas películas que empezó siendo un estreno menor y gracias al boca a boca y las revisiones en video y DVD se ha acabado convirtiendo en una de las grandes películas de los 90. De entrada, el título de la película es un gran homenaje: es casi al final de Casablanca cuando el Capitán Renault, para proteger a Rick Blaine (¡qué grande, Humphrey!) de la muerte del alcalde Strasser, llama a la comisaría y ordena; “Detengan a los sospechosos habituales”.

La película está planteada a partir del interrogatorio que un policía hace a Verbal Kint (fabuloso Kevin Spacey), uno de los dos únicos supervivientes de una explosión en un barco. El otro superviviente está en coma profundo. Tenemos por tanto una historia construida a partir de flashbacks, según lo que va contando el detenido. Esta historia es precisamente la de cinco sospechosos habituales, que después de una rueda de conocimiento y gracias a que se quedan retenidos una noche entera, planean un gran golpe. Hay, además, un nombre, una sombra, un hombre misterioso que está detrás de todo: Keyser Soze. La obsesión del policía es dar caza a este hombre y sólo el que está en coma puede reconocerle…

El elenco de actores está inconmensurable; Kevin Spacey, Chazz Palminteri, Benicio del Toro, Gabriel Byrne, Stephen Baldwin, Pete Postlethwaite, Giancarlo Esposito, …, casi comparables a la jauría de Reservoir Dogs. El guión es milimétrico, piezas de puzzle que encajan una detrás de otra hasta que la pieza final provoca un terremoto narrativo. La misma narración de la historia, como también pasa en El club de la lucha, en muchas de Hitchcock, e incluso en Big Fish de Tim Burton, crea un metalenguaje narrativo-cinematográfico que provoca el planteamiento de lo que significa el cine como medio de contar historias. Y es que si me mienten bien ¿quién quiere la verdad?

Las mejores películas de los 90 (VIII): Toy Story

Toy Story (1995) fue la primera película íntegramente modelada, animada y renderizada por ordenador. Hay bastante consenso, al que me uno, en que su continuación Toy Story 2 (1999) era mejor como película, y es un hecho que era muchísimo más avanzada técnicamente, pero ser pionero tiene su mérito, y reseñar la primera me da la oportunidad de nombrarla representante del resto de obras maestras de la compañía Pixar, que fácilmente podrían estar en esta lista.

Pixar empezó como la división de computación gráfica de Industrial Light and Magic, la compañía que George Lucas creó para hacer los efectos la primera Guerra de las Galaxias (el cuarto episodio, vaya). En 1986, Steve Jobs, cofundador de Apple, compró la empresa por 10 millones de dólares, y ese mismo año lanzaron su primer y famoso corto Luxo, Jr.. Hasta que salió Toy Story en 1995, hicieron varios cortos magníficos, siendo uno de ellos, Tin Toy (1988), el precursor inmediato de la película que nos ocupa. Incluso parece que en un primer momento se pensó en el muñeco de Tin Toy como uno de los protagonistas de Toy Story. Desde entonces hasta que el año pasado sacaron Los Increíbles y para el que viene sacan Cars (9 de junio en Estados Unidos, esperemos que no tarde mucho más en llegar aquí), todas sus películas son buenísimas. Desde luego no es la técnica lo que hace una buena película y eso en Pixar lo tienen clarísmo, que empiezan con una gran historia y un guión perfecto y originalísimo para cada película. Hasta ahora no han fallado. Aunque sus siete películas hasta ahora están coproducidas por Disney, y mucha gente las confunde como obras de Disney, Pixar es el sello de garantía. En la Disney ya están sufriendo para cuando se les acabe el contrato con Cars, ya si no fuera por las coproducciones con Pixar no levantarían cabeza desde su última época dorada de los primeros 90, con La Sirenita (1989), La Bella y la Bestia (1991), Aladdin (1992) y El Rey León (1994). Y para muestra el fracaso de Dinosaurios (2000), la primera película de animación en 3D que Disney hizo en solitario. Resulta que hace tiempo Disney anunció que haría Toy Story 3 (prevista para 2008) sin Pixar. Ciertamente será una prueba de fuego, y para mí una mala noticia, a priori, aunque queda el beneficio de la duda.

La película nos cuenta la sencilla historia de un niño que recibe el juguete de moda por navidad. Se trata de Buzz Lightyear, un muñeco galáctico. Pero no todo es tan simple, en el mundo que nos presenta el director John Lasseter los juguetes tienen vida propia, y el juguete preferido del chavalín, Woody, un muñeco de trapo con un mecanismo de cuerda que le hace decir frases grabadas y que representa un vaquero, ve peligrar su liderazgo con la llegada de su nuevo y tecnológico amigo. Sí, amigo, porque básicamente la historia que nos cuentan es la de la aparición y afianzamiento de una amistad, aunque sea entre juguetes. Por otro lado tenemos al vecino malvado, un niño travieso que se dedica a experimentar con los juguetes creando monstruos mutantes, lo que nos introduce el elemento maligno y la excusa para las correrías y la acción. Y como en toda Disney que se precie, la galería de personajes secundarios es de quitarse el sombrero y reir a gusto, uniéndolo a todos esos guiños cinéfilos que nos ganan a los apasionados del séptimo arte.

Técnicamente es una maravilla producto de su época (y sólo hay que ver cualquier película actual para ver lo que han evolucionado los gráficos por ordenador en estos diez años), aunque visto con perspectiva cantan mucho los personajes que no son juguetes. Ya se intenta que aparezcan poco, pero la piel humana o la del perro, la ropa, e incluso los movimientos tanto de humanos como del animal se ven forzados. Tan sólo cuatro años más tarde Toy Story 2 nos mostraría grandes avances en estos temas que todavía hoy siguen siendo objeto de investigación en computación gráfica (y que dure).

Las mejores películas de los 90 (IX): Cyrano de Bergerac

Cyrano de Bergerac (1990) estuvo durante muchos años en el primer puesto indiscutible de mis películas favoritas de todos los tiempos. Eran años de adolescencia, y por lo tanto de complejos y de amores platónicos y romanticismo exagerado. Mi identificación con el personaje era total.

Claro que el mérito no es exclusivo de la película de Jean-Paul Rappenau, que es excelente en su factura, destacando las interpretaciones, el diseño de producción (escenarios y vestuario), la música, la fotografía, el montaje…, vamos, que toda la peli en sí es redonda, pero es que además se basa en una obra maestra de la dramaturgia francesa de finales del siglo XIX. Curiosamente la obra es mucho más reciente de lo que podía parecer; Edmond Rostand publicó el Cyrano en 1897, unas cuantas décadas después de que Víctor Hugo (el representante del romanticismo francés) publicara sus obras más famosas. La obra de teatro original es en verso y nos cuenta la historia de Cyrano de Bergerac, un escritor acomplejado por su gran nariz y profundamente enamorado de su prima Roxanne.

Uno de los méritos principales de la película es, aparte de respetar la obra original, la elección de Gerard Depardieu para el papel principal, quien está soberbio en el que ha sido el papel de su vida, el que lo lanzó a la fama a nivel internacional y que no ha vuelto a igualar ni siquiera haciendo de Cristóbal Colón (1492), de Edmundo Dantés (El conde de Montecristo), o de Obélix (van por la tercera de Astérix y Obélix…). Del resto de intérpretes sólo es conocido fuera de Francia Vincent Pérez, quien hace de Christian, el guapo enamorado de Roxanne que pide a su amigo Cyrano que interceda por él en el arte de escribir poesías para su amada.

La historia tiene ritmo, humor, drama y mucha épica con duelos de espadas a la luz de la luna, poesías bajo el balcón, cartas de amor desde el frente y un tristísimo final acorde y coherente con el tozudo personaje. Si yo fuera actor, ésta sería una de las primeras obras que me aprendería, y empezaría por aquí:

LE VICOMTE
(Il s’avance vers Cyrano qui l’observe, et se campant devant lui d’un air
fat)
Vous. . .vous avez un nez. . .heu. . .un nez. . .tres grand.

CYRANO (gravement)
Tres!

LE VICOMTE (riant)
Ha!

CYRANO (imperturbable)
C’est tout?. . .

LE VICOMTE
Mais. . .

CYRANO
Ah! non! c’est un peu court, jeune homme!
On pouvait dire. . .Oh! Dieu!. . .bien des choses en somme. . .
En variant le ton,–par exemple, tenez
Agressif ‘Moi, monsieur, si j’avais un tel nez
Il faudrait sur-le-champ que je me l’amputasse!’
Amical ‘Mais il doit tremper dans votre tasse!
Pour boire, faites-vous fabriquer un hanap!’
Descriptif ‘C’est un roc!. . .c’est un pic!. . .c’est un cap!
Que dis-je, c’est un cap?. . .C’est une peninsule!’
Curieux ‘De quoi sert cette oblongue capsule?
D’ecritoire, monsieur, ou de boite a ciseaux?’
Gracieux ‘Aimez-vous a ce point les oiseaux
Que paternellement vous vous preoccupates
De tendre ce perchoir a leur petites pattes?’
Truculent ‘Ca, monsieur, lorsque vous petunez,
La vapeur du tabac vous sort-elle du nez
Sans qu’un voisin ne crie au feu de cheminee?’
Prevenant ‘Gardez-vous, votre tete entrainee
Par ce poids, de tomber en avant sur le sol!’
Tendre ‘Faites-lui faire un petit parasol
De peur que sa couleur au soleil ne se fane!’
Pedant ‘L’animal seul, monsieur, qu’Aristophane
Appelle Hippocampelephantocamelos
Dut avoir sous le front tant de chair sur tant d’os!’
Cavalier ‘Quoi, l’ami, ce croc est a la mode?
Pour pendre son chapeau, c’est vraiment tres commode!’
Emphatique ‘Aucun vent ne peut, nez magistral,
T’enrhumer tout entier, excepte le mistral!’
Dramatique ‘C’est la Mer Rouge quand il saigne!’
Admiratif ‘Pour un parfumeur, quelle enseigne!’
Lyrique ‘Est-ce une conque, etes-vous un triton?’
Naif ‘Ce monument, quand le visite-t-on?’
Respectueux ‘Souffrez, monsieur, qu’on vous salue,
C’est la ce qui s’appelle avoir pignon sur rue!’
Campagnard ‘He, arde! C’est-y un nez? Nanain!
C’est queuqu’navet geant ou ben queuqu’melon nain!’
Militaire ‘Pointez contre cavalerie!’
Pratique ‘Voulez-vous le mettre en loterie?
Assurement, monsieur, ce sera le gros lot!’
Enfin, parodiant Pyrame en un sanglot
‘Le voila donc ce nez qui des traits de son maitre
A detruit l’harmonie! Il en rougit, le traitre!’
–Voila ce qu’a peu pres, mon cher, vous m’auriez dit
Si vous aviez un peu de lettres et d’esprit
Mais d’esprit, o le plus lamentable des etres,
Vous n’en eutes jamais un atome, et de lettres
Vous n’avez que les trois qui forment le mot sot!
Eussiez-vous eu, d’ailleurs, l’invention qu’il faut
Pour pouvoir la, devant ces nobles galeries,
Me servir toutes ces folles plaisanteries,
Que vous n’en eussiez pas articule le quart
De la moitie du commencement d’une, car
Je me les sers moi-meme, avec assez de verve,
Mais je ne permets pas qu’un autre me les serve.

y por el posterior duelo de espadas, donde:

CYRANO
(Declamant)
‘Ballade du duel qu’en l’hotel bourguignon
Monsieur de Bergerac eut avec un belitre!’

LE VICOMTE
Qu’est-ce que c’est que ca, s’il vous plait?

CYRANO
C’est le titre.

LA SALLE (surexcitee au plus haut point)
Place!–Tres amusant!–Rangez-vous!–Pas de bruits!

Tableau. Cercle de curieux au parterre, les marquis et les officiers meles aux bourgeois et aux gens du peuple; les pages grimpes sur des epaules pour mieux voir. Toutes les femmes debout dans les loges. A droite, De Guiche et ses gentilshommes. A gauche, Le Bret, Ragueneau, Cuigy, etc

CYRANO (fermant une second les yeux)
Attendez!. . .je choisis mes rimes. . .La, j’y suis.
(Il fait ce qu’il dit, a mesure)
Je jette avec grace mon feutre,
Je fais lentement l’abandon
Du grand manteau qui me calfeutre,
Et je tire mon espadon;
Elegant comme Celadon,
Agile comme Scaramouche,
Je vous previens, cher Mirmydon,
Qu’a la fin de l’envoi je touche!
(Premiers engagements de fer)

Vous auriez bien du rester neutre;
Ou vais-je vous larder, dindon?. . .
Dans le flanc, sous votre maheutre?. . .
Au coeur, sous votre bleu cordon?. . .
–Les coquilles tintent, ding-don!
Ma pointe voltige une mouche!
Decidement. . .c’est au bedon,
Qu’a la fin de l’envoi, je touche.

Il me manque une rime en eutre. . .
Vous rompez, plus blanc qu’amidon?
C’est pour me fournir le mot pleutre!
–Tac! je pare la pointe dont
Vous esperiez me faire don;–
J’ouvre la ligne,–je la bouche. . .
Tiens bien ta broche, Laridon!
A la fin de l’envoi, je touche.
(Il annonce solennellement)
Envoi.
Prince, demande a Dieu pardon!
Je quarte du pied, j’escarmouche,
Je coupe, je feinte. . .
(Se fendant)
He! la, donc!
(Le vicomte chancelle; Cyrano salue)
A la fin de l’envoi, je touche!

Tenéis toda la escena aquí.
(Si alguien encuentra una buena traducción, que me lo diga)

Las mejores películas de los 90 (X): Los amigos de Peter

Los amigos de Peter (1992) es de esas películas que van a caballo entre dos géneros aparentemente opuestos como son la comedia y el drama y que acaban mezclándose en ese subgénero llamado comedia dramática, y que se nos presenta, aparte de como un magnífico ejemplo de oxímoron, como una ventana al mundo real de las relaciones humanas y los sentimientos.

La excusa argumental es perfecta: Peter invita a sus mejores amigos de la universidad (y sus respectivas parejas) un fin de año a su mansión después de diez años que se vieron todos juntos por última vez. La mayor parte están casados, con hijos, algunos divorciados, …, y Peter, todavía solo. En el reencuentro, por supuesto feliz, todos recuerdan sus mejores años con alegría y añoranza, pero a medida que pasan las horas, y por culpa del (o gracias al) alcohol y algún que otro personaje que no estaba con ellos diez años atrás, surgen viejas rencillas, se reabren heridas que no han acabado de cicatrizar, y conoceremos algunos secretos sorprendentes.

Dirige Kenneth Branagh, quien antes había hecho Enrique V (1989) y Morir todavía (1991), y más tarde Mucho ruido y pocas nueces (1993), y sus dos grandes superproducciones Frankenstein (1994) y Hamlet (1996). Mi avispado lector ya habrá adivinado, si es que no lo sabía de antemano, que la obra de Branagh, cuando no hace adaptaciones directas de las obras de Shakespeare, gira en torno a ellas. Muchos calificaron su visión de Frankenstein como muy Shakesperiana, y En lo más crudo del crudo invierno (1995) narra las desventuras de un grupo de teatro por tirar adelante una versión de Hamlet. La última que hizo (Trabajos de amor perdidos (2000)), era también original del dramaturgo inglés, sólo que salió algo experimental y resultó en un musical. Incluso su próxima película será una adaptación de otra obra de Shakespeare: As You Like It. Quizá Morir todavía, que es un homenaje a Hitchcock, y Los amigos de Peter, son las dos únicas películas del director que se alejan del eje común.

Además de dirigir, y como en la mayoría de sus películas, Branagh también actúa, junto con la que en esos momentos era su esposa, Emma Thompson. Durante muchos años fueron mi director y mi actriz favoritos, lo que les confería el título de pareja perfecta. Hasta que se separaron cuando Frankenstein y ambos han ido bajando peldaños en mis preferencias y en sus respectivas carreras. Una verdadera lástima. El resto de interpretaciones son igualmente maravillosas, empezando por el mismísimo Peter, un sensacional Stephen Fry, y sin olvidar a la mamá de la Thompson, Phyllida Law (todo queda en familia), que interpreta a una encantadora ama de llaves.

Quisiera destacar, además, la música. A pesar de que el compositor que trabaja normalmente con Kenneth Brannagh, Patrick Doyle, precisamente en Los amigos de Peter no lo hace, la selección musical, sin música original y utilizando canciones de rock-pop ochentero anglosajón, no sólo es de alta calidad, sino que resalta el ambiente retro que requiere el reencuentro con viejos amigos.

En definitiva, podemos evitar el oxímoron rebautizando el subgénero a como-la-vida-misma. Luego hay quien dice que ésto es precisamente lo que no quiere ver en el cine porque ya lo tienen en casa. Personalmente pienso que si una película consigue hacerme reir y llorar casi al mismo tiempo, ha ganado también un lugar en mi corazón (y si es de los 90, probablemente también en esta lista).

Las mejores películas de los 90 (XI): Balas sobre Broadway

Balas sobre Broadway (1994) es una de esas pocas películas de Woody Allen que se distancia un poco de su tónica habitual; la historia se sitúa en los años 20, lo que permite introducir en la trama unos cuantos gangsters y matones, además de mostrarnos un decorado algo distinto de su Nueva York habitual. Pero no nos engañemos, las neuras y los temas eternos del maestro siguen ahí, que son básicamente dos: las relaciones de pareja, y la relación de un autor con su obra.

David Shayne (John Cusack) es un dramaturgo que, cuando por fin consigue financiación para que una de sus obras se estrene, resulta que viene de parte de un capo mafioso que impone condiciones como que su novia Olive Neal (Jenniffer Tilly) tenga un papel relevante en la obra. Por supuesto los problemas vendrán no sólo de parte de Olive, quien es una pésima actriz, sino de su guardaespaldas Cheech (un fabuloso Chazz Palminteri), quien irá proponiendo cambios en la obra hasta hacerla prácticamente suya. Destaco un par más de interpretaciones que están inconmensurables: Dianne Wiest (que ganó el Oscar como actriz de reparto) como Helen Sinclair, la diva alcohólica que tendrá algún que otro roce con el autor Shayne, y el protagonista de la obra de Shayne, Julian Marx (Jack Warden), con un grave problema de adicción a la comida. Como es fácil adivinar, este argumento le da la pauta al genial director para meterse de forma indirecta con el sistema de Hollywood (algo que años más tarde volvería a hacer de forma más obvia con Un final made in Hollywood), su forma de imponer celebridades en el reparto y los cambios que las productoras obligan a hacer en el guión según sus intereses. El irónico final, que no pienso desvelar, aún refuerza más estas ideas.

Mucha gente que le tiene cierta tirria a Woody Allen (mi padre, entre otros) agradecerá que no participe en la película como actor. Aún así, el papel de John Cusack es el clarísimo alter ego del director, y, al igual que pasaba con Kenneth Branagh en Celebrity, con Sean Penn en Acordes y desacuerdos, y con Will Ferrell en Melinda y Melinda, hace de Woody Allen de una forma extraordinaria.

Woody Allen lleva haciendo una película cada año desde 1982, con la excepción de 1987, año en que hizo dos pelis, y 1991, cuando retrasó Sombras y niebla hasta 1992 y la juntó en el mismo año que Maridos y mujeres. Sin menospreciar en absoluto las diez últimas películas desde Poderosa afrodita hasta la última estrenada Melinda y Melinda, Balas sobre Broadway culmina con Maridos y mujeres, Misterioso asesinato en Manhattan y, quizá, Delitos y faltas, un genial conjunto de películas de principios de los noventa, etapa comparable (y échenme aquí los perros si creen que digo barbaridades) a la de finales de los setenta, con Manhattan y Annie Hall.

Las mejores películas de los 90 (XII): Clerks

Clerks (1994) es una película que representa de forma digna el cine independiente estadounidense; es barata, marginal y muy personal. Es casi un capricho de su autor (en todos los sentidos de la palabra, ya que es productor, director, guionista, ideólogo e incluso actor) Kevin Smith.

Por cine independiente entendemos aquél que no está producido por ninguna de las llamadas majors de Hollywood. Es, por tanto, relativamente barato, lo que le confiere unas características un tanto especiales. De entrada tiene una apuesta personal detrás. Alguien se ha empeñado en hacer su peli, sacará la pasta de dentro de un calcetín bajo la cama, convencerá a unos cuantos amigos que trabajarám gratis para él y la hará cueste lo que cueste. Tenemos entonces actores desconocidos, nada de efectos especiales, una historia basada en diálogos e interpretaciones, muy pocas localizaciones y mucha libertad, lo que permite producciones con más violencia y sexo, o que traten temas que para el gran público pueden resultar demasiado descarados. Este último caso es el de Clerks.

Clerks, más que una historia hilada de principio a fin, es una sucesión de gags de situación con un hilo conductor que consiste en las aventuras que durante un sábado le ocurren a un dependiente de un pequeño colmado (de esos que abren a todas horas y donde venden de todo y que siempre son atracados en los vídeos de Noche de impacto) y de su amigo que trabaja en el videoclub de al lado. De forma descarada y sincera se retrata esta cultura tan norteamericana de la Pepsi y de Star Wars, de la gorra de béisbol y el hip-hop, del grocery store y el videoclub, del dependiente asqueado y del cliente tonto…

Kevin Smith estaba trabajando en la misma tienda donde rodó la peli, lo que explica la inspiración con que sus diálogos y situaciones vienen destilados (aparte de que las persianas estén bajadas durante todo el metraje, ya que sólo podía rodar cuando la tienda estaba cerrada). Smith observa la realidad desde el sentido común y se ríe de todo al mismo tiempo que nos hace partícipes. ¿Qué más podemos pedir?

Clerks marca un estilo que heredarán directamente el resto de las películas del personal director. Mallrats (1995), su siguiente película, nos explica las aventuras que otros personajes pasan al día siguiente en la gran superfície comercial de la ciudad. Son otros personajes, pero responden a los mismos tics generacionales, incluso hay situaciones que marcan ambas tramas. Persiguiendo a Amy (1997) es más de lo mismo, pero con más sentimiento (¡ah! ¡l’amour!). Estas tres completan la llamada Trilogía de Nueva Jersey. Luego llegó finalmente Dogma (1999), que nos presenta un punto de vista muy particular sobre Dios y la religión. Era una peli largamente prometida desde los títulos de crédito de las tres anteriores y resultó un tanto decepcionante. La debacle de Kevin Smith continuó con Jay y Bob el Silencioso contraatacan (2001) (donde los dos secundarios de la Trilogía de Nueva Jersey se convierten en protagonistas) y Una chica de Jersey (2004).

Y para 2006 parece que nos está preparando la segunda parte: Clerks 2: The passion of the clerks. Para quien no lo sepa, Kevin Smith tiene un blog al que llama My boring-ass life y el rodaje de Clerks 2 también se puede seguir en otro blog.

Hasta aquí las primera entrega de las mejores películas de los 90. Ya sólo faltan 11.

Las mejores pelis de los 90 según vosotros

A mediados de agosto os pedí la opinión sobre cuáles serían las mejores películas estrenadas entre 1990 y 1999.

Doy por cerrada esa entrada y resumo aquí las opiniones de mis comentaristas. Según la opinión de nueve personas (Vane, DrFloyd, Su, Luiyo, Razorbuzz, Pitoche, Latin, Gatafunho y Vigo), estas 47 películas deberían entrar en el top 10:

  • Con 5 nominaciones: The Matrix y Pulp Fiction.

  • Con 4 nominaciones: American Beauty y La vida es bella.
  • Con 3 nominaciones: Reservoir Dogs y Uno de los nuestros.
  • Con 2 nominaciones: Cadena perpetua, Como ser John Malkovich, Eduardo Manostijeras, El club de la lucha, L. A. Confidential, La lista de Schindler, Pesadilla antes de Navidad, Se7en, Sin perdón y Toy story.
  • Con una sóla nominación: Abre los ojos, Algo pasa con Mary, Braveheart, Buena Vista Social Club, Clerks, Cube, Dark City, Despertando a Ned, El lado oscuro del corazón, El paciente inglés, El Sexto Sentido, El silencio de los corderos, Entrevista con el vampiro, Fargo, Forrest Gump, Instinto básico, La princesa Mononoke, Los amantes del círculo polar, Los Puentes de Madison, Magnolia, Muerte entre las flores, Poderosa Afrodita, Rompiendo las Olas, Salvar al soldado Ryan, Smoke, Thelma y Louise, Tierra, Todo sobre mi madre, Trainspotting, Tres Reyes y Underground.

Y aprovecho para anunciar que ya tengo mi lista preparada. El top 10 que pensaba hacer se ha convertido en top 12 (por aquello de no dejar fuera a alguna que me hacía ilusión que entrara). Algunas han sido nombradas aquí y otras no, pero mantendré la sorpresa del número uno hasta el final. Intentaré hacer una entrada semanal de aquí hasta fin de año y empezaré este fin de semana.