Los productos naturales ¡vaya timo! de J. M. Mulet

En casa a nosotros nos gusta reciclar, no matamos a las arañas y nos llega cada dos semanas una caja “sorpresa” de verduras orgánicas, con diez variedades para consumir en los días que faltan hasta que llegue la siguiente caja. Nunca me he planteado que estas cosas sirvan para salvar el mundo. De hecho sigo pensando que la humanidad se va al garete igual hagamos lo que hagamos y la Tierra va a seguir tan campante con sus bichos, sus plantas, sus animales y toda su variedad biológica, pero sin nosotros, que le importamos más bien una mierda. Yo reciclo porque me gusta clasificar las cosas, no mato a las arañas porque pienso que es inmoral, y me ayuda a enseñar a mi hijo que matar y hacer daño está mal, voy en bici al trabajo porque es más sano y porque ir en coche sale caro y contamina y acabo tardando lo mismo, y compro la caja orgánica porque creo que la verdura tiene más calidad, aunque luego veremos que puede que en esto esté equivocado. Y sí, reconozco que hacer todo esto también sirve para lavar mi consciencia ecológica y sentirme bien porque no hago tanto daño al medio ambiente, aunque a la hora de la verdad cada vez que tomo un avión a ver a mis padres tire por la borda años de reciclaje y miles de quilómetros en bicicleta en forma de huella de carbono. Mea culpa.

En éstas ando que voy y me meto en el mundo del escepticismo. Y me divierto mucho porque es muy fácil atacar a la religión e ir por ahí diciendo que Dios no existe y ver la cara de sorpresa de la gente. Y desmontar los principios básicos de la homeopatía o explicar por qué las microondas del móvil no pueden hacerte ningún daño en el cerebro es muy fácil. Pero un día vas a una conferencia escéptica y uno de los ponentes más respetados en el mundo del escepticismo suelta “esto es un engaño, como los alimentos orgánicos” y sientes la hostia a veinte metros de distancia.

Y un par de años después te metes en amazings.es y un setiembre cualquiera conoces a un tal Mulet, que acaba de sacar un libro…

Portada de libro Y otros cuantos meses después llega Navidad y le pides el libro a tu abuela para Reyes y te lo regala. Pasan otros meses y acabas sacando un rato para leerlo. Y ya estamos aquí. Y ahora.

El título es la hostia de la que hablaba antes, una provocación y un toque de atención, sí, pero junto con el dibujo nos presenta un primer argumento irrebatible: lo natural no es necesariamente bueno o mejor que lo artificial, véase la amanita faloides que hay en medio de la ensalada de champiñones. Esta idea está en la introducción y el primer capítulo del libro: es cierto que la idea de un día de campo o un paseo por el bosque es placentera, pero el subconsciente colectivo reduce esto a la idea de que lo natural es bueno y el márqueting se aprovecha y nos vende naturaleza hasta en el champú. La lección es fácil: hay que estar alerta ante el engaño, ya que lo que se nos vende como natural muchas veces ni es tan natural y la mayoría de veces no es tan bueno como nos lo presentan. Ésta es la idea básica que se extiende en poco más de 130 páginas a través de siete capítulos dando múltiples ejemplos. El primero habla de la alimentación natural y la agricultura ecológica. Aquí hay argumentos contundentes como que no es muy ecológico tener que tirar la mitad de la cosecha porque se pudre o se pierde por plagas al no usarse plaguicidas artificiales. En otras palabras: hace falta el doble de campo para alimentar a la misma población, lo que no es muy sostenible.

El segundo capítulo habla de los transgénicos y se nota que está escrito desde el profudo conocimiento de alguien que investiga en el tema. Después de leer el capítulo uno no puede entender cómo una idea que puede revolucionar la alimentación mundial, haciéndola accesible y barata a todos los habitantes del planeta, está totalmente proscrita y perseguida por grupos influyentes como Greenpeace, que al final consiguen que se legisle y prohíba localmente productos transgénicos que acabamos importando igualmente, como el papel de algodón para los billetes o la insulina para los diabéticos.

El tercer, cuarto y quinto capítulo hablan de medicinas alternativas y otros remedios naturales. Para mí totalmente redundantes ya que no dicen nada que no haya leído en otros libros más completos, pero que son necesarios por completitud sobre el tema. Especialmente el quinto sobre “cómo ser un médico naturista”, con un estilo más irónico y menos informativo que el resto del libro, no me gustó tanto. El sexto capítulo es sobre los productos del hogar y las falsas ideas que tenemos sobre ser ecológico en casa, con una mezcla de muchos temas interesantes en apenas diez páginas. Y el séptimo, por último, habla de la producción de energía, otro tema con conlusiones sorprendentes como que ni la energía solar captada por placas fotovoltaicas ni la energía eólica son tan buenas y eficientes como nos pensamos (construir una placa o un molino de viento tiene un coste energético que cuesta muchos años de “amortizar” en un sentido renovable), ni la energía nuclear es tan mala como Godzilla y la guerra fría nos han incrustado en la memoria colectiva, al menos en “muertos por unidad de energía generada” es de las energías más seguras que podemos obtener, más incluso que la hidroleléctrica.

Y terminas el libro y te quedas con un sentimiento de desazón. Y te preguntas que para qué sirven algunas de las cosas que haces en tu vida diaria y tienes que replantearte otras y en algunas incluso seguir investigando. Quizás éste es el mayor problema del libro, que a nadie le gusta que le digan tan claramente que se equivoca y es fácil sentirse ofendido con según qué cosas. Sería fácil pensar “pues no me creo nada” y sigo con mis pomaditas curaconsciencias, pero el pensamiento crítico es exactamente ser capaz de cambiar de opinión ante la evidencia y en este caso hay monumentos de paja que caen por sí solos.

Lo que sí echo de menos es la pomada para la desazón de la que hablaba. Mulet no dice en ningún momento que haya que dejar de ser ecológico. Lo que dice es que no hay que ser ecologista anticientífico. Es más, en muchos momentos deja claro que está a favor del reciclaje y de usar la bicicleta siempre que se pueda en vez del coche, que es necesario cuidar a los animales y la diversidad biológica. ¿Por qué no añadir entonces un capítulo titulado “¿Cómo ser ecológico de verdad?” al final con consejos para ser un poco más verdes pero con base científica? Creo que el libro sería algo más amable con el lector comprometido y dejaría mejor sabor de boca.

Por otro lado, es un libro necesario y un tremendo golpeador de consciencias, al que le faltan unas cien páginas, especialmente en los dos primeros y los dos últimos capítulos para profundizar en algunos temas en los que se pasa muy por encima.

Muy recomendable.

Resumen del resumen del informe suizo

Cuando vi que entre los enlaces de mis amigos alternativos empezaba a correr uno que ensalzaba la homeopatía, no me extrañó lo más mínimo pero no no le di ninguna importancia y lo dejé pasar, ya había pasado otras veces y he perdido demasiadas energías discutiendo inútilmente sobre el tema. Pero esta vez me quedó el gusanillo contoneándose en mi estómago y acabé leyendo el enlace. Esta vez había algo diferente: era el resumen de un informe que parece que los suizos han utilizado para justificar la subvención pública de los tratamientos homeopáticos. A parte del argumento de autoridad de “los suizos son gente seria”, el resto del artículo no utilizaba el típico lenguaje falaz, metafísico o esotérico que usan otros artículos sobre la homeopatía. El artículo estaba dirigido a gente que a priori no está predispuesta a dejarse engañar. Era el mismo lenguaje con el que está escrito un informe científico de verdad. Algo fallaba.

Pensé en todas las discusiones anteriores que he tenido con mis amigos y en cómo muchos de sus argumentos para defender algo que cae fuera del ámbito científico es precisamente denostar la ciencia, o aquello de “la ciencia no lo es todo”, “hay cosas que no se pueden explicar con la ciencia”. Pero resulta que cuando aparece algo que sí que aparenta respaldar la homeopatía de forma científica, es el artículo más distribuido del día. Eso tiene un nombre y se llama el sesgo de confirmación: Si dices lo que quiero oír, entonces te escucho, te creo y hasta te divulgo. Si lo que dices me contradice o no me interesa, probablemente lo ignore, lo olvide, y hasta lo denoste y lo desprecie.

Se presentaba un reto. Mandé el enlace a la lista de amazings, quienes encontraron enseguida el informe original de ¡260 páginas! Arturo Quirantes se ofreció para leerlo y destriparlo y de ello ha sacado hace un rato un artículo en la web de amazings que no tiene desperdicio y que muestra cómo trabajan quienes quieren influir en que un gobierno apoye la compra de sus productos, aunque no funcionen.

Y resumiendo el resumen: las páginas del informe están plagadas de sesgos de confirmación. ¡Qué casualidad!

Ejercicio

(Terminar este ejercicio puede tardar como una hora)

Lean primero la contra de la Vanguardia de hoy.

Convincente, ¿verdad? Si es lógico. Todos hemos visto Gremlins y sabemos que un bicho dentro del microondas explota. Es más, lo hemos comprobado: el pollo explota, la carne crepita que da susto y no intentéis poner un huevo a “cocer” en el micro. Además, las bombas atómicas también emiten radiación y eso es muy malo.

Por lo tanto, los móviles fríen el cerebro. Y no hay más que hablar. Y quien se atreva a dudarlo seguro que está pagado por telefónica, que tiene mucha pasta.

Pero si abrimos un poco los ojos vemos que hace diez años que todo el mundo tiene móvil y yo aún no conozco ningún caso de cerebro frito por móvil.

Ahora, si tenéis veinte minutos, no os perdáis esto. Yo estaba allí y aprendí mucho:

Y en poco más de media hora (cuando he escrito esto), el programa de Escépticos de EiTB sobre el tema. Añado: ya está visualizable:

Ahora creed lo que queráis. Yo os aseguro que no me paga Telefónica, pero sois libres de no creerme (también podéis no creerme pero he escrito esta conclusión final antes de ver el capítulo de escépticos de hoy).

PD: Añado algo de obligada lectura: Mauricio Schwarz destapa el entramado de asociaciones y fundaciones antiantenas.

Desmontando la grafología

Aún declarándome escéptico, me sorprendo a mí mismo a veces dando cosas por sentadas cuando en realidad son patrañas tan grandes como el tarot o la astrología. He aquí un ejemplo: la grafología.

PD: Debo añadir que óbviamente aquí Randi no demuestra nada, sino que simplemente “muestra”. Para que el estudio tenga valor científico el experimento se debería repetir algunas decenas de veces y en doble ciego. De todos modos, ¿alguien apuesta que el resultado de un estudio hecho correctamente se diferenciaría mucho de lo que muestra Randi en “modo show”?

Visto en Cerebros no lavados.

Discusiones homeopáticas

Como otros muchos, supongo, me he enzarzado unas cuantas decenas de veces en discusiones sobre la homeopatía, la acupuntura y similares sin que haya ni un milímetro de avance en lo que yo creo que es la esencia de una discusión: ponerse de acuerdo. Para los defensores de las pseudociencias, y especialmente la homeopatía, parece que el objectivo de discutir es únicamente “ganar la discusión”; demostrar que se tiene razón a costa de lo que sea, pero especialmente cargándose la esencia del pensamiento crítico a través de un uso perverso de la retórica y la dialéctica. Las trampas del lenguaje lógico, las falacias, están a la orden del día en el discurso pseudocientífico.

He encontrado un par de vídeos que presentan una discusión entre un escéptico tonto y una defensora de la homeopatía de discurso inteligente, hilvanado y convincente. En estos vídeos, la defensora de la homeopatía gana la discusión, sin lugar a dudas. Eso no significa que tenga razón:

Esto me recuerda a una de las preguntas que alguien del público le hizo a PJ Myers en la pasada conferencia escéptica TAM en Londres:

Alguien del público: (cito de memoria) Tengo una duda que me atormenta: mi director de tesis es uno de los astrofísicos más respetados del mundo, ha publicado en Science y en Nature y se codea con las grandes mentes del mundo en su ámbito. Pero resulta que tienen una biblia en el despacho y pasa los fines de semana en reuniones cristianas. ¿Cómo se explica esto?

Myers: (también de memoria) Las personas inteligentes tienen una increíble capacidad para racionalizar lo más absurdo. Los teólogos más importantes de la historia han pasado sus vidas explicando de forma lógica los misterios de la fe, y de forma admirable. La inteligencia y el escepticismo no tienen que estar necesariamente relacionados.

Ésta es la nueva ministra de sanidad

Ya lo han dicho muchos, y especialmente está corriendo como la pólvora en twitter, pero hoy no se trata de ser original sino de divulgar el mensaje.

¿Qué lleva la nueva ministra de sanidad en la muñeca?

La foto salió hace varios meses en Magonia, les dejo parte de su entrada por si aún no saben de qué va la copla:

Supongo que hay más políticos españoles que llevan la pulsera holográfica, pero no he encontrado fotos de ellos por ahí. Como dice mi buen amigo Schwarz, estos dos supersticiosos [el otro es Gustavo de Arístegui] y quienes sigan sus pasos demuestran hasta qué punto están preparados para manejar nuestro dinero y tomar decisiones que nos afecten. Porque las pulseras del equilibro son un timo, como antes lo fueron las magnéticas de venta en farmacias, aunque dudo de que ponga coto a esta práctica engañosa un Gobierno cuando un alto cargo del partido que lo sostiene está tan orgulloso de su ignorancia que la exhibe en público. Por cierto, ¿serán las nuevas energías del eslogan del PSOE las de la pulserita de Pajín?

Hoy, las palabras que escribió Gámez el pasado marzo tienen más sentido que nunca.

Dios no lo explica

He empezado a seguir a PJ Myers (quien dio la mejor charla de todo el TAM London) en su blog Pharyngula. No sé cuánto tiempo lo haré, porque este hombre escribe más entradas de las que yo puedo leer en un día. Pero una de hoy me ha gustado. Aquí un extracto:

…[I] will simply summarize by saying that the god hypothesis is incoherent, causally inadequate, unsupported by any other line of evidence, inconsistent with what we do know about how the universe works, and also internally inconsistent in all religions. Gods are simply bad ideas that don’t even deserve the dignity of being treated as an alternative explanation for anything.

Primer día en el TAM London

He tenido la satisfacción de asistir por segunda vez a The Amazing Meeting en Londres este fin de semana pasado. He dividido la crónica de lo sucedido en dos entradas, una para el sábado y otra para el domingo. Lo que sigue es el resumen de las charlas que hubo el sábado.

Susan Blackmore fue la primera en hablar y explicó la fascinante historia de cómo a partir de una experiencia alucinógena a sus 20 años la llevó a dedicar su vida a investigar sobre la parapsicología con el objetivo de demostrar a los científicos que están equivocados y que son unos seres cerrados de mente por pensar que no hay nada más allá de lo empíricamente demostrable. Después de 20 años de investigaciones intentándolo, teniendo resultados negativos en todos sus experimentos, durante los cuales siempre esperaba encontrar la respuesta detrás de la siguiente esquina, acabó abrazando el escepticismo. Una de las mejores charlas de todo el evento.

Richard Dawkins planteó la enseñanza de la evolución como un nuevo clásico, igual que hasta ahora la enseñanza del latín y el griego han sido la base de la educación, los principios de la evolución pueden abarcar todas las ramas del conocimiento. Una línea argumental algo pillada por los pelos, desde luego, pero que sirvió para darnos fascinantes ejemplos de cómo funciona la evolución.

Cory Doctorow habló del copyright y de internet.

Adam Rutherford contó su experiencia como “infiltrado” en los cursos alpha, denunciando que lo que se anuncia como unas discusiones abiertas sobre la figura de Jesús (eso sí, durante 10 semanas a 3 horas cada vez), acaban siendo unos centros de reclutación del fundamentalismo cristiano de extrema derecha. Eso sí, le trataron con extrema amabilildad y educación. Aunque, com él dijo

I’m suspicious of people in power, double suspicious when they’re nice, and triply suspicious when they have jam on their crotch.

Andy Nyman, en una entrevista algo aburrida que le hizo el maestro de ceremonias Richard Wiseman, habló de su espectáculo “historias de fantasmas” que está actualmente en Londres.

Paula Kirby se puso a leer partes del manifiesto del Partido Cristiano de Inglaterra, mientras lo analizaba o ridiculizaba según le venía.

James Randi fue entrevistado por Robin Ince. El amazing Randi, el abuelo de los escépticos, tiene, a sus ochenta y muchos años, cientos de anécdotas que sacar de su chistera, siendo la más conocida cuando desveló en directo en televisión el truco de Uri Geller.

Después conocimos los ganadores del premio anual de la fundación Randi. El primero, por la contribución a la causa escéptica fue a parar merecidamente a Ben Goldacre, cuyo libro Bad Science me acabo de terminar de leer y recomiendo. El segundo fue el premio revelación, que fue a parar al chaval de 15 años Rhys Morgan, quien desveló que hay unos charlatanes que venden un “agua milagrosa” que realmente contiene los componentes de la lejía. La historia ya la leímos hace unas semanas en amazings.es y vale la pena echarle un ojo. Otro premio bien merecido.

Ya por la noche asistimos al espectáculo titulado Tim Minchin y amigos con la presentación del corto animado Storm. Nos prometían tres horas de show y al final, en general, fue decepcionante. Amateur Transplants estuvieron bien. Jon Ronson, el autor del libro Los hombres que miraban fijamente a las cabras, nos mostró algunas canciones de un grupo de rap cristiano que son lo peor. Chris Cox hizo los mismos trucos que el año pasado, pero esta vez no le salieron. Y al final, Minchin sólo tocó tres o cuatro canciones (geniales, eso no lo discuto), incluyendo la del papa, para pasar a ver el corto (aquí el trailer), que está muy bien, y luego pasarse más de una hora con la productora (Tracy King) y el director (DC Turner) comentándolo y respondiendo a preguntas que el público hacía casi a desgana, sólo esperando que Minchin volviera a tocar, cosa que al final no hizo.

Acabamos la noche cenando en uno de los típicos restaurantes ingleses: un indio cerca de Paddington.

Créditos: las imágenes son del juego de cartas escéptico que ha ido apareciendo en el blog de Crispian Jago.

De cómo James Randi desenmascara a Uri Geller

Como aperitivo a mis crónicas (que serán dos) de lo vivido este fin de semana en The Amazing Meeting en Londres les presento un vídeo que yo todavía no había visto.

El vídeo muestra un par de las anécdotas que contó el octogenario James Randi, el abuelo de los escépticos, en plena forma después de que no pudiera venir el año pasado por estar en tratamiento de un cáncer. En la primera historia Johnny Carson pidió a Randi cómo podía evitar que Uri Geller usara algún truco en su programa. La solución era fácil: no había que dejarle usar su propia cuchara o manipular las que había en la mesa antes de la actuación. En el segundo, el equipo de Randi desenmascaró al curandero cristiano Peter Popoff interceptando la frecuencia de radio a través de la cual su mujer le chivaba detalles de la vida de las personas del público al pinganillo que tenía escondido en su oído. Una de las historias que no recoge el video, que no la pusieron por grosera y por respeto a la persona del público, fue cuando la mujer dijo “ahora le toca el turno a la gorda negra de ahí”, lo que, dijo Randi, demuestra el poco respeto que esta gente tiene a los inocentes a los que están engañando.